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La Continental

La Fábrica de Cerámicas "La Continental" fue una de las empresas con mayor reconocimiento y apropiación por parte de la comunidad carmelitana.
Don Alfonso Betancur, hijo del dueño de "Cerámicas Nacional", tomó las riendas de la fábrica de "Cerámicas La Continental", empresa que hasta entonces había sido dirigida por su fundador Francisco Betancur, sin duda el ceramista con mayores conocimientos técnicos y que produjo vajillas de mejor calidad.

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La familia Betancur era una familia muy humana, con principios y bases de una familia muy grande. Una familia que entendía al trabajador y sus necesidades. De hecho, en La Continental había abuelos, carmelitanos veteranos que se encargaban de toda la producción y calidad de las piezas, hombres constantes, disciplinados, honestos que para nada necesitaban de un supervisor para desarrollar su labor. De ellos se rescatan personajes como: Francisco Alzate, Alcides Acosta, Nabor Quintero, Ramón Blandón, Alberto Rodas, Adán Quintero y muchos artesanos más que ya han fallecido.

 


Junto a ellos había un grupo de decoradoras que, con su pincelada a mano alzada y su inigualable manejo de la técnica del pincel, le daban el valor agregado, singularidad, a cada una de las piezas de loza. "Uno conoce a muchos decoradores hombres, que lo hacen muy bien, pero realmente la mujer, el lado femenino es el que explora la estética, la forma adecuada de plasmar la sensibilidad en cada uno de los trazos", afirma Nelson Zuluaga, fundador de la Fábrica de Cerámicas Renacer.
Eran casi 180 trabajadores en los primeros años de aquella fábrica que se situaba en la vereda La Chapa de El Carmen de Viboral. Una empresa que luchó por la tradición artesanal y se consideró una de las empresas más tecnificadas en la historia del pueblo.
La Continental llegó a tener un horno túnel de 50 a 60 metros de largo, máquinas para orejas, tornos semi automáticos, limpiadoras, esmaltadoras, entre otros equipos que le daban la posibilidad de alcanzar unos volúmenes demasiado grandes de producción: 150 mil piezas en una semana.
Sin embargo, en muchos casos la empresa no contaba con la infraestructura suficiente para abastecer y producir en grandes proporciones. Esto obligó a poner dos turnos, a pensar en la calidad de las pastas y a contratar mayor personal: De 180 trabajadores la empresa pasó súbitamente a 382.
Muchos conocedores del movimiento cerámico atribuyen el cierre de esta tradicional fábrica de loza a la apuesta poco calculada por la modernización y tecnificación del negocio. Si bien las empresas, con el fin de incentivar la producción, deben prestarles atención a los equipos con que trabajan, el valor de la cerámica carmelitana es precisamente su trabajo artesanal, el moldeado y decorado a mano. Muchos afirman que Cerámicas La Continental quebró porque en un momento de su historia "perdió la identidad."
Lo cierto es que esta mala planificación a la hora de adquirir elementos para tecnificar el oficio, sumado a la poca capacitación de los operarios, hizo que la empresa asumiera costos elevados de producción y funcionamiento. Acciones que provocaron que el 18 de Abril de 1997, la empresa tradicional cerrara definitivamente dejando a centenares de carmelitanos sin trabajo.
"Esa situación fue muy triste. Era una empresa que cerraba teniendo aun mucho mercado por explorar. Sin embargo, yo lo veía más como el golpe que le daban a El Carmen de Viboral. Cerca de cuatrocientas familias se quedaron sin sustento", comenta Nelson Zuluaga ex trabajador de Cerámicas Continental.
Por muchos años, las ruinas de esta fábrica de cerámica sirvieron como ruta turística para que propios y foráneos interesados en conocer los vestigios de una época enmarcada en el oficio artesanal. Hoy en día los muros de La Continental, empresa que muchos carmelitanos recuerdan, ya no existen. Han sido derrumbados para adelantar en ese mismo lugar la construcción de una nueva edificación.